Los posos del café

Hay una terraza aneja al minúsculo jardín, que no se diría que es tal si su muro calizo no estuviera plagado de buganvillas, y si más de dos árboles no salpicaran el césped. Está sitiada por el cielo del crepúsculo larguísimo del verano. Se dice que allí, en julio, nunca pasa nada. Por eso a […]