Zelig, pobre diablo

Poeta s.m. Autor de versos o de obras poéticas, esp. si está dotado para ello: Miguel Hernández fue un gran poeta. Poetastro s.m. Mal poeta: No es más que un simple poetastro, pero presenta sus obras a todos los concursos. Poético, ca. Adj. 1 De la poesía, relacionado con ella, o con rasgos propios de este género literario. 2 Apto o conveniente para este género literario. 3 Que tiene o expresa la belleza, la fuerza estética u otras características propias de la poesía.

Tres palabras con sus correspondientes definiciones. Un diccionario cualquiera. Vale éste, Clave, Diccionario del uso del español actual, prologado por un Premio Novel, un tal Gabriel García Márquez que, por cierto, no es POETA. Es escritor, con minúsculas, además. Si le preguntaran, él no diría ni siquiera eso, argüiría que es un hombre, sencillamente, pero no porque en su documento de identidad quizás no figure “de oficio: escritor”, sino porque definirse así no le resulta importante. Su valía se constata en su obra, con eso basta.

Me gusta la gente sencilla (suena tópico ¿no es cierto?), aunque tolero, e incluso alabo, ciertas petulancias. Las de los genios, claro. Las demás son simplemente patéticos alardes desde la caverna de la mediocridad. Sí, ésa en la que andarán gritando hasta la eternidad un montón de almas maniatadas que pasan, además, la vida de cara a la pared de su propia ignorancia. De aquella casa de Buñuel sí era posible salir.

Son los otros, sin duda, los que han de definir la genialidad de uno; sólo entonces puede permitirse a un tipo que escribe algo parecido a versos la inmodestia de decir “soy poeta”. Lo demás, pura paja. Hay escribidores que no conocen los diccionarios, y los hay que, además, ignoran por propia conveniencia que la técnica, en manos de un mal poeta, es un subterfugio que agota todas las formas que hay de no conmover al lector.

Para ser poeta hay que estar dotado, no vale el efecto mímesis a lo Zelig de Allen. No pinto como Picasso si toco el lienzo de aquellas maravillosas señoritas de Aviñón, no revoluciono el panorama de la investigación en las Ciencias Sociales si leo a Weber, ni canto lo que escribo ni lo escribo como Joan Manuel por escuchar miles de veces De cartón piedra. Insisto, es preciso estar dotado, no soy poeta por haber recitado unos ripios en la casa de un genio de la literatura. Eso no funciona así.

Poeta, entonces, con minúsculas, y en la boca de los otros; en la de uno no, por favor, ¡qué mundo de mediocres! Que el “quiero ser” no se confunda con el “soy”, que Zelig era sólo un pobre diablo.