Recomendar la ignorancia

Me apetece leer algo que me anime, pero debe ser un libro que no se quede en la superficie de los temas que aborde. He estado releyendo El amor en los tiempos del cólera, e incluso algo de Sampedro. Me gusta La sonrisa etrusca.

Recomiéndame algo, alguna novela ligera, ya te digo, pero no simple y estúpida.  Nada de libros sobre suicidas, como ese que me has dicho que acabas de terminar, el de Veronika, la que decide morir, de Coelho, o Esa visible oscuridad, de Styron. No, necesito reírme a la vez que reflexionar. Recomiéndame el libro que más te haya gustado, uno que guardes con especial cariño en tu recuerdo, aunque lo hayas leído hace mucho tiempo. Piensa, por favor.

Cada vez que uno recomienda uno de esos libros que atesora en un rincón especial del recuerdo termina desilusionándose, porque espera que cuando su amigo lo lea y le haga la crítica diga cosas maravillosas sobre aquellas letras, describa sentimientos tan grandes y tan parecidos a los que uno experimentó en su momento, con aquella misma lectura, que no se puede soportar que el otro haya leído lo mismo que nosotros un día y le haya parecido tan sólo bien… No, no es posible tolerar que hayan violado nuestro recuerdo de esa manera… ¡Si lo sé no te lo recomiendo! ¡Siento que no te haya entusiasmado!, ¡Mejor léete uno de Vázquez Figueroa y déjame en paz! o  ¡Deja de leer, idiota!, son aquellas frasecitas que se nos ocurren y que la cortesía no nos permite espetar a nuestro amigo, el que necesitaba que le recomendáramos un libro, en toda la cara.

Algo similar a esto sucede con lo que Kundera llama ignorancia, que da título a su última novela. Uno conserva en el recuerdo un montón de sensaciones increíbles de lo vivido hace tiempo junto a alguien, un amigo, un amante. Pero sus sentimientos no se corresponden jamás con los del otro, a pesar de haber vivido exactamente la misma situación. Lo que para ti fue maravilloso, aquel paseo por un parque mojado en otoño, para el otro no significó nada especial, por eso ni lo recuerda. Para ti, leer las Crónicas del Ángel Gris de Dolina, tampoco.

Lee La ignorancia.