Entrevista a Marian Montesdeoca en torno a ‘Bye Bye Birdie’

1. Son algunos críticos y ensayistas los que consideran que existe muy poco arte en  el amplio campo de la creación contemporánea, que la hibridación artística es tal, que más bien podríamos estar asistiendo a un desesperado intento de mantener con respiración asistida de nuevos soportes y recursos tecnológicos, el agotado discurso de las vanguardias. ¿Está usted de acuerdo con esta tesis?

Lo estoy en buena medida. Creo que muchos artistas estamos retomando vías de expresión ya olvidadas o en desuso precisamente, en parte, porque vemos proliferar mayoritariamente ‘neoreadymades’, que nos cansan y nos desalientan con respecto a nuestras propias potencialidades creativas y a las que nos ofrecen los medios técnicos y la realidad. En fotografía hay vida después de las vanguardias, lo que no quiere decir que debamos perder de vista lo que tuvieron de radicales (aunque también de conservadoras, que no se olvide esto) con respecto a las prácticas artísticas normalizadas, su reivindicación del automatismo, de las capacidades que otorga el subconsciente y, cómo no, de su potencia para desenmascarar algunos de los grandes mitos modernos, no sólo relativos al campo del arte, sino también, y esto es más importante, si cabe, de la propia sociedad, del mundo en el que vivimos.

2. Usted impartirá en el marco del encuentro que tendrá lugar en el Gran Canaria Espacio Digital el taller denominado La fotografía primitiva hoy. ¿Qué queda aún de esa fotografía en el siglo XXI?

Pues para empezar quedan cientos de miles de piezas, muy bien conservadas, que datan de mediados del siglo XIX, de la época originaria de la fotografía, tal y como la conocemos. Pero, sobre todo, queda, nos queda, la memoria de lo que fue, de cómo se originó un medio en el que muchos fotógrafos trabajan y cuyo punto de arranque desconocen. La consciencia de que la fotografía se desarrolló por empeños no siempre cercanos a la actividad creativa, por el entusiasmo de hombres y mujeres de ciencia a quienes les preocupaba nada menos que la incidencia de la luz en los cuerpos. De la pregunta antigua (de época de Plinio) sobre cómo puede fijarse una imagen en un cuerpo material, derivaron un sinfín de preguntas nuevas en su momento, que nos han conducido a esta era de las imágenes, a la llamada era del paradigma tecnológico. Sin embargo, estas pregunta han sido desechadas u olvidadas por el automatismo en la captación de esa realidad que entra a través del obturador de la cámara de un teléfono móvil. Nos queda la necesidad de calma, de tiempo, esencia de lo fotográfico. Si en la década de 1850 eran necesarios treinta segundos de exposición para la realización de una toma fotográfica, hoy disparamos en ráfaga; ese espacio de tiempo, ese lapso tan necesario para pensar en lo que queremos fotografiar se ha diluido. Y queda también la alquimia de la fotografía, una magia que solo pueden sentirla quienes se sumergen en ella: la relación con el espacio, con los modelos, con escenarios, construidos o no, y con la química, su disciplina originaria.

3. Usted trabaja precisamente con una de esas técnicas que irrumpieron en el 1800, el colodión húmedo, para articular su discurso creativo. ¿Qué le fascina de este procedimiento fotográfico?

Para ser exactos, a mediados de esa década, tras haberse hecho oficial el comienzo de la fotografía a través de la presentación en Francia del daguerrotipo, polémico en su consecución e hijo de mil padres, el cobre como soporte dejó paso a la imagen transparente, a la fotografía sobre vidrio, el ambrotipo, realizado mediante la técnica del colodión húmedo. Una reducción sensible de los tiempos de exposición y un abaratamiento del proceso debido al uso de materiales algo más modestos, permitió que un coloide (la base del algodón pólvora), aderezado con el quinto elemento, con el éter presocrático, y con yoduros y bromuros, se erigiera durante no muchos años (unos 40) en la emulsión que recubría las placas y que, sensibilizada con nitrato de plata (la base de la fotografía analógica), diera lugar a fotografías de una nitidez tan extraña que me resulta fascinante. Me fascina el proceso: todo el proceso. La preparación de las tomas, en la que los modelos (casi siempre fotografío personas) juegan un gran papel; la interacción con ellos, que es vital en cualquier tipo de práctica fotográfica, en el colodión aflora de manera tal que puede decirse que las fotos se convierten en escenas que yo me limito a conducir. Me fascina la preparación de las emulsiones en el laboratorio (tal vez por mi afán de alquimista del siglo XXI) y, sobre todo, la inmediatez, tras un ritual tan complejo y dilatado, en la aparición de la imagen, en cómo sólo hace falta unos 15 segundos para que se revele ante nuestros ojos.

4. ¿Qué le permite su manipulación y utilización a la hora de abordar su trabajo?

Me permiten una ilusión de control del proceso. Y digo ilusión porque sólo es eso… La fotografía al colodión húmedo tiene sus propias exigencias e impide un control absoluto del resultado final. Llamémoslo azar, huella o error, un ambrotipo siempre contiene marcas involuntarias que me recuerdan, cada vez que hago una foto, que ésta es fruto de un largo proceso histórico, humano.

5. ¿Su técnica y singular acabado estético condiciona de alguna manera la perspectiva de sus series?

Hace muchos años, allá por los 70 del pasado siglo, se puso de moda una consigna en fotografía: la técnica no importa, importa el mensaje. En cierto modo, buena parte del arte contemporáneo ha heredado este precepto, tomándolo como dogma de fe. Para mí, sin embargo, y lejos de considerarme conservadora, el medio es parte del mensaje, de manera que la técnica es parte de lo que la fotografía quiere transmitir, plasmar, contar o no. Y no me refiero en absoluto a una prevalencia de lo técnico frente a lo ideático, al contrario: el medio, la técnica, permiten que la idea se concrete de una forma más precisa, más coherente con la intención. Ése es mi caso.

6. ¿Y cómo estima que este tipo de soporte incide en la mirada del espectador?

Creo que le provoca inquietud, una de las sensaciones que más me interesa explorar en este mundo en el que las dudas han sido engullidas por un montón de certezas. Si logro que el espectador se inquiete, se pregunte qué es esto, que dude, a la salud de Descartes, me conformo.

7. El exhibicionismo bien entendido y la idea de la transgresión (esencial al erotismo) parece presidir la serie que exhibirá en el Gran Canaria Espacio Digital, Bye Bye Birdie, tras la que también advierto una cuidada ambientación, pulsión y fantasía quimérica ¿En dónde reside la esencia de este trabajo suyo?

Esta serie, Bye Bye Birdie, quiere ir más allá del erotismo. Se trata de un conjunto de imágenes en las que lo lúdico prevalece, al menos tal es mi intención, sobre lo sensual. Si tuviera que definir, tal y como me preguntas, cuál es la esencia de este trabajo en particular, te diría que se trata de un juego al despiste, cargado de ironía, sobre lo erótico inabarcable. Para cada uno de nosotros lo sexy significa cosas muy distintas, y Bye Bye Birdie juega a lo que juega esta sociedad, a la estandarización de lo sensual en un nivel primario (chicas y chicos con poca ropa y en poses sugerentes); sin embargo, una lectura más profunda revela que poses de 30 segundos, de 45, de 1 minuto, aniquilan lo sensual y lo reifican, lo hacen inerte, imposible.

8. La fotografía ha democratizado la intimidad y la ha despojado de misterio. Mihály Dés advirtió que si lo visible para todos deja de ser tabú, queda poca cosa por transgredir. Mirar un pezón resulta ser ya casi una rutina ciudadana. ¿Tiene alguna opinión al respecto?

Mi intención no es transgredir desde lo erótico, creo que esto es evidente. Mi intención es hacerlo cuestionando nuestra percepción de las cosas que nos rodean. Un modelo inerte, una mujer-cosa, personas desnudas y muertas que son capaces de evocar lo sensual al espectador a pesar de que ya no son personas. La fotografía como recuerdo de lo que fue, como recuerdo lejanísimo de lo que será. El tiempo y su paso como única evidencia.

9. Me congratula la lúcida revisión y el proceso deductivo que realiza sobre distintos aspectos que podrían justificar su planteamiento creativo. Vertebrar las ideas alrededor de la insólita riqueza de sugerencias que propicia la aventura del arte, no es una tarea muy frecuente entre los creadores canarios. ¿Por qué es tan importante para usted esta íntima tarea reflexiva?

No concibo ninguna actividad creativa sin un alto componente de reflexión. Ninguna. Hacer fotos porque son bellas, escribir bonitos textos o pintar bucólicos cuadros no entra dentro de mi planteamiento vital. Para mí el aprendizaje perpetuo, la lectura y la experiencia vital no dejan paso a ningún tipo de automatismo creativo muy de moda en estos tiempos. Esto es casi un manifiesto, pero así lo siento, así lo pienso.

10. ¿Podría avanzarme en qué proyecto de futuro trabaja ahora?

Trabajo sobre las múltiples mediaciones, las infinitas mediaciones que se imponen a la fotografía ante su potencial para la captación de la realidad. Se trata de un problema tan antiguo como el propio medio fotográfico, y ta vez más, de un problema que tiene sus orígenes en los inicios del arte antiguo. Y todo esto aplicado al retrato, un enorme reto para un género tan depreciado donde, según dicen algunos entendidos, ya nada se puede aportar. Mi trabajo, titulado ‘Persona’ (máscara, en latín), consta de un conjunto de veinte retratos al colodión, de ambrotipos, realizados a partir de máscaras, moldes de rostros, que he ido realizando en estos dos últimos años a personas vivas. Qué queda al finalizar el proceso fotográfico de un rostro tras pasar por la mediación del vaciado de yeso. La quietud nos iguala hasta el punto de que rostros muy distintos acaban por confundirse en fotografías en las que ni el propio modelo, a veces, es capaz de reconocerse.